Han pasado 61 años y abril sigue doliendo. No por nostalgia, sino porque las causas que llevaron a un pueblo a enfrentar tanques con el pecho desnudo todavía respiran en la política dominicana de hoy.
El sábado 24 de abril de 1965 estalló la dignidad. Oficiales académicos, sargentos y alistados encabezados por el coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez decidieron que el juramento a la Constitución de 1963 estaba por encima de la obediencia a un Triunvirato impuesto. Derrocaron a Donald Reid Cabral porque entendieron que un gobierno de facto es ilegítimo aunque tenga el apoyo de los cuarteles y las embajadas.
La respuesta fue la previsible: desde San Isidro, el coronel Elías Wessin soltó la caballería blindada contra un pueblo que solo pedía dos cosas: el regreso de Juan Bosch sin nuevas elecciones y que rigiera la Constitución más democrática que hemos tenido. A falta de razones, usaron aviones.

Y entonces apareció la historia. El martes 27 de abril, en la cabecera occidental del puente Duarte, el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó y un pueblo convertido en ejército le dieron a la República su victoria militar más limpia del siglo XX. Los tanques retrocedieron. La dignidad avanzó. El 4 de mayo, el Congreso lo proclamó presidente constitucional en armas.
El presidente de EE. UU., Lyndon B. Johnson, ordenó el desembarco el 28 de abril. Se enviaron 42,000 soldados e infantes de marina (Operación Power Pack), incluyendo la 82ª División Aerotransportada, bloqueando la isla con 41 buques.Washington alegó “proteger vidas estadounidenses y temiendo que la revuelta fuera tomada por comunistas”. La historia registró “aplastar la soberanía dominicana”.
Por eso abril es heroico y es histórico: fue la única vez que un pueblo caribeño derrotó en el terreno a un ejército regular y luego resistió a la mayor potencia del planeta durante cuatro meses.
¿Por qué importa esto hoy, 24 y 28 de abril de 2026? También, ¿otros días heroicos conmemorativos toma de la Fortaleza Ozama el 30 de abril, 19 de mayo, 15 y 16 de junio; el 19 de diciembre la batalla del Hotel Matum en Santiago?
Primero, porque el debate es el mismo: ¿manda la Constitución o mandan los atajos de las élites o poderes?
Segundo, porque abril enseñó que cuando la institucionalidad se cierra por arriba, se abre por abajo.
Tercero, porque el mundo vuelve a partirse entre quienes creen en el derecho internacional y quienes creen en la fuerza.
Nosotros, los que aún vivimos, no escribimos esto para cobrar gloria. La gloria es de los que cayeron. Escribimos para advertir: cada vez que un gobierno ignora su Constitución —la del país— está preparando su propio abril. Y cada vez que un pueblo se organiza para defenderla, está honrando a Caamaño, a Fernández Domínguez, a los Hombres Rana y a miles de héroes y martires anónimos que no salen en los libros.
Abril no es pasado. Con sus Comandos la organización social de la resistencia. Es la prueba de que cuando la legalidad y la legitimidad caminan juntas, no hay tanque que las detenga.
¡Gloria eterna a los próceres y mártires de Abril! ¡Honor a los combatientes que aún resistimos!

