Como otros países de la región, Perú está polarizado. Pero una diferencia hace que esa división sea única

Como otros países de la región, Perú está polarizado. Pero una diferencia hace que esa división sea única

Los resultados de la segunda vuelta en Perú vuelven a mostrar a un país profundamente fracturado en clivajes tanto políticos como socioeconómicos, un escenario muy similar al de las elecciones en 2021, pero con heridas que en los últimos años se agravaron en sectores excluidos.

Si Pedro Castillo ganó a Keiko Fujimori por apenas 50,1 % en esa ocasión, esta vez la carrera entre la candidata de Fuerza Popular y el izquierdista Roberto Sánchez vuelve a definirse por solo unas décimas (como también pasó en 2016), lo que dejará a un eventual ganador poco legitimado y a casi la mitad de la población insatisfecha con el desenlace.

La polarización no es ajena al resto de la región, más bien es la moneda corriente. Sin embargo, en Perú las líneas que separan a la población siguen siendo las mismas, con problemáticas que se mantienen intactas con el paso de los últimos años y que la inestabilidad presidencial e institucional torna prácticamente imposible de resolver.

La división política

“La campaña en segunda vuelta en Perú desde 2011 se reduce a antifujimorismo vs. fujimorismo”, dijo a CNN el analista peruano Elohim Monard, investigador de comunicación política en la Universidad de Wisconsin-Madison. Para el docente, mientras hay grupos de derecha e izquierda que tienen definido su apoyo, hay “un grupo de centro indeciso que reconoce que las dos candidaturas son malas para el país”.

Llevando el legado autoritario y populista del fallecido Alberto Fujimori (1990-2000), su primogénita pasó cuatro veces a segunda vuelta y espera esta vez llegar a la presidencia.

“Hay una resiliencia del fujimorismo, el populismo de derecha más grande del Perú, con una base social y política muy grande, populoso en Lima y el norte. Suele ser muy leal”, dijo a CNN el politólogo Gonzalo Banda, investigador doctoral de la University College London.

El analista indicó que hubo “un revisionismo” de la figura de Fujimori padre, que murió en 2024. “Pensé que el funeral iba a ser chico, privado, como todos los dictadores. Pero no, fue un funeral de estado, se le rindió honores, un velatorio público. Se despide con olor de multitud. Eso no hubiera sido posible en el Perú de hace 10 años, la sociedad no lo hubiese tolerado”, comentó.

Una mujer vota en una escuela de Ollantaytambo (Cusco) en la segunda vuelta en Perú, el 7 de junio.

Una mujer vota en una escuela de Ollantaytambo (Cusco) en la segunda vuelta en Perú, el 7 de junio. Jose Angulo/AFP via Getty Images

La imagen de la propia Keiko también fue cambiando en estos 15 años y su antivoto ya no es tan duro como antes. “Esta Keiko es muy diferente, reivindica a su padre como el mejor de la historia. Ha sembrado su propia impopularidad. Los jóvenes (que no vivieron la presidencia de Fujimori padre) tienen mala imagen de Keiko por sus propias decisiones”, apuntó.

La división regional

El resultado volvió a mostrar dos mundos enfrentados en el mismo país: la capital y las regiones, Lima y el llamado “Perú profundo”. El país, pese a múltiples promesas de diferentes presidentes, no dio pasos concretos para una descentralización y la ciudad continúa concentrando la riqueza (como lo hace desde que Perú era una colonia), mientras que algunas provincias, incluso las que deberían gozar de cánones mineros, ven de lejos el desarrollo.

Si bien Fujimori tiene algunos bastiones como la costa norte del país y es competitiva en la selva, Sánchez arrasa en el sur, como lo hizo Castillo en 2021 y también Ollanta Humala en 2011.

Hernán Chaparro, psicólogo social y catedrático de la Universidad Católica del Perú, explicó que en las zonas urbanas intermedias del interior del país “existe una mayor concentración de pobreza, población con bajos niveles educativos”, lo que impacta en el voto. “Como no creen en ninguno de los políticos existentes, terminan tomando decisiones al final y muchas veces es el discurso del excluido y (el voto) termina eventualmente hacia candidatos como Sánchez”, dijo a CNN.

“Lo que ha sucedido, más que una diferencia entre izquierda y derecha, que la hay definitivamente, aquí es una diferencia Lima versus el resto del país”, aseguró a CNN Patricia Zárate, investigadora principal del Instituto de Estudios Peruanos, tras la primera vuelta que ya mostraba esos patrones. “Sobre todo en la sierra, porque si tú ves los distritos que votan más por Sánchez, son los distritos de la sierra, no las capitales de provincia que son mucho más urbanas. Entonces hay un componente andino”, añadió Zárate.

Con el conteo en más del 90 %, Fujimori obtuvo casi 2 de cada 3 votos en la capital. Pero en Puno, Sánchez se impone con el 86 %; en Apurímac, con el 81 %; y en Ayacucho, con el 79 %. Son tres regiones donde ocurrieron varias de las cerca de 50 muertes en el marco de la represión a las protestas tras la captura de Pedro Castillo, quien intentó disolver el Congreso y fue condenado por conspiración para la rebelión.

Las heridas de sectores olvidados

Para Monard, el sur “no perdona” ese episodio de convulsión social e incluso responsabiliza parcialmente al fujimorismo. “Después del golpe de Pedro Castillo, cuando hubo revueltas, algunos partidos desde el Congreso, particularmente el de Fujimori, no dijeron nada de las muertes, fueron indiferentes, si es que no avivaron el problema”, dijo Monard. Fue en esos momentos de indignación que la entonces presidenta Dina Boluarte cristalizó la marginalización y desigualdad con una frase que todavía resuena. “Puno no es el Perú”, dijo al tratar de minimizar las protestas.

En cada campaña electoral, es frecuente que los líderes de izquierda o activistas sociales sean acusados de estar vinculados a grupos terroristas o sus remanentes, muchas veces sin pruebas concretas, una descalificación conocida en Perú como “terruqueo” para estigmatizar sus propuestas. Cuando cualquier movimiento es desacreditado con términos tan contundentes, el debate se pierde en lo superficial. El sur, además, fue donde comenzó y más víctimas dejó el conflicto armado interno (1980-2000).

“No ha habido cambios o intentos de inclusión, más bien se ha mantenido un discurso que ha terruqueado, que ha ninguneado, que ha posicionado a la población alejada, particularmente a la de Puno, inclusive como enemigos del Perú”, dijo a CNN Omar Coronel, politólogo de la Universidad Católica del Perú.

Estas regiones también recuerdan que Fujimori en 2021 no reconoció la victoria de Castillo y su partido trató de anular varias mesas de zonas rurales. “Dijo que era un fraude. Muchos peruanos sintieron que su voto no importaba”, agregó el analista. Por ello, más que un golpe de Castillo, en algunos sectores fue visto como una destitución de su líder, reivindicado en esta campaña por Sánchez, quien usa su tradicional sombrero y prometió indultarlo.

Roberto Sánchez saluda a sus seguidores tras la difusión de los primeros resultados de la segunda vuelta, en Lima.

Roberto Sánchez saluda a sus seguidores tras la difusión de los primeros resultados de la segunda vuelta, en Lima. CONNIE FRANCE/AFP/AFP via Getty Images

La inestabilidad institucional de Perú, con un desfile de presidentes en la última década, también desgastó a la ciudadanía y aumentó la apatía. “Hay una capa de desgano hacia la política, un electorado que empieza a mirar las elecciones una semana antes e incluso decide un día antes de votar”, dijo Monard.

El hartazgo con la turbulencia política fue también uno de los ejes de campaña de Fujimori, quien promete orden y para la segunda vuelta contó con una carta clave: una bancada en el Senado que, sin ser mayoritaria, es suficiente para defenderse de un intento de destitución. Si un peruano, más allá de simpatías políticas, quiere por fin tener un presidente que termine su mandato, es Fujimori la alternativa más estable desde el cálculo legislativo, aunque enfrentaría otros desafíos por canales no institucionales con un país tan dividido.

Frustrada, indignada y harta, la población ahora se alista para semanas de espera hasta la proclamación oficial del ganador. El Jurado Nacional de Elecciones adelantó que la declaración se producirá a mediados de julio, solo unos días antes del cambio de mando.

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