El período de la Cuaresma es un camino de preparación hacia la Resurrección de Cristo. Enfocado en la conversión del corazón, la reflexión, la limosna y la oración.

El período de la Cuaresma es un camino de preparación hacia la Resurrección de Cristo. Enfocado en la conversión del corazón, la reflexión, la limosna y la oración. En esa línea, reflexionando sobre las cosas que ocurren en el mundo y nuestra cotidianidad, recordé la frase: “Rectificar un error es un acierto”, que no es mía. En realidad se la he escuchado pronunciar en varias ocasiones al estimado amigo Leonte Brea, quien siempre hace énfasis en que la aprendió de José del Carmen Rodríguez, quien fue una persona de excelente trato y a quien conocimos junto a muchos de nuestra generación como profesor y luchador por las libertades, destacándose de manera especial a la caída de la dictadura trujillista.
En realidad, había leído y escuchado otras expresiones en el mismo sentido, pero ésta que aprendí de Leonte, me impactó, porque valora la acción de la enmienda y rectificación. Imagino que José del Carmen, con sentido humanista y conocimiento teológico, pudo haberla construido partiendo de otros pensadores. Ya que expresiones parecidas, como el de “errar es humano, perdonar es divino y rectificar de sabios”, han sido atribuidas a un poeta británico. Igual Confucio sostuvo que “el hombre que ha cometido un error y no lo corrige, comete otro mayor”. También un escritor español ha señalado que “el mayor acierto que podemos tener es reconocer un error”.
El fundamento mismo del cristianismo es enmendar, perdonar, transformar, renacer. Así lo entiendo yo, partiendo de aquella reunión, si se quiere secreta, entre Jesús y Nicodemo. Nicodemo era un líder fariseo que pertenecía a un grupo religioso y político judío influyente, conocido por su estricta observancia de la ley del Torá y las tradiciones orales.
Según (Juan 3:1-21), Jesús le dijo a Nicodemo que para ver el reino de Dios es necesario "nacer de nuevo" o "de lo alto" del agua y del Espíritu: un concepto que transforma su corazón. Nicodemo era, además, maestro de la ley y miembro del Sanedrín. Tal posición tuvo que haber incidido en él para acercarse a Jesús de noche, probablemente por temor, a fin de buscar respuestas espirituales en privado.
En dicho diálogo, Nicodemo reconoció a Jesús como un maestro enviado por Dios debido a sus señales. Y Jesús le habló sobre la necesidad de un nuevo nacimiento espiritual. Lo que confundió a Nicodemo, quien lo interpretó como un concepto físico. Entonces Jesús le señaló que el nacimiento físico no era suficiente por lo que se requería una transformación interior operada por el Espíritu Santo, descrita como nacer del agua y del espíritu.
Jesús le explicó que al igual que Moisés levantó la serpiente en el desierto, el Hijo del Hombre será levantado en la cruz para dar vida eterna a todo el que crea. Durante esa conversación se encuentra uno de los versículos más conocidos: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, más tenga vida eterna".
Pensando en eso, debemos aprovechar este período para reflexionar profundamente sobre el hecho de que, realmente “Rectificar un error es un acierto”. Para todos. Sin excepción. Porque rectificar es como renacer de nuevo. Y reconocer y reparar los errores es de cristianos.
PD: Foto portada del Profesor José Del Carmen Rodríguez Gutierrez

