El espejismo del 2036: Un crecimiento cimentado en deuda y salarios de subsistencia

El espejismo del 2036: Un crecimiento cimentado en deuda y salarios de subsistencia

En la República Dominicana hemos convertido el «crecimiento económico» en un dogma de fe. Año tras año, las cifras oficiales celebran la expansión del Producto Interno Bruto (PIB), pero rara vez nos detenemos a diseccionar la anatomía de ese crecimiento. ¿Sobre qué bases estamos construyendo nuestra riqueza? La falta de un análisis profundo nos ha llevado a trazarnos metas, como la de «duplicar el PIB al 2036», que desde la óptica geoeconómica parecen más un espejismo que una posibilidad real.Al analizar el modelo actual, se hace evidente que nuestra expansión no es fruto de un salto en la productividad o la innovación, sino de una tríada peligrosa: altos niveles de endeudamiento (público y familiar), niveles salariales deprimidos y una galopante informalidad laboral .La riqueza contra la pared: El «Efecto Milano» de la deuda. Si comparamos el crecimiento del PIB Real frente a la evolución de la Deuda Pública Consolidada desde el año 2000, la realidad es alarmante. Hemos crecido, es cierto, pero lo hemos hecho con «esteroides financieros». Veamos algunos datos geoeconómicos 2000-2004 el PIB creció 2.5% mientras la deuda lo hizo en un 38.4%, debido entre otras cosas al rescate bancario: la deuda salvó el sistema.2005-2012, el PIB creció a una tasa del 6.8% y, la deuda lo hizo al14.2%, creciendo al doble del ritmo del PIB. En el 2013-2019, el PIB tuvo un crecimiento del 6.1% y la deuda de 9.8%, endeudamiento que se hizo para gasto corriente y, para el 2020-2024 el crecimiento del PIB fue de 3.8% y el de la deuda fue de 12.5%. Salto nominal masivo post-pandemia. 2025-2026 el cual fue de 4.8% para el PIB y de la deuda 8.5%, brecha estabilizada en niveles críticos. Entre 2000 y 2004, mientras el PIB apenas avanzaba un 2.5%, la deuda se disparaba un 38.4%. Lo doloroso no es solo el monto, sino el destino: ese dinero no fue a laboratorios de investigación, infraestructura vial de vanguardia o mejora hospitalaria; fue a rescatar bancos, una cruz que aún arrastramos.Para el cierre de 2024, la deuda consolidada alcanzó los US$ 73,700 millones, frente a los US$ 4,400 millones del año 2000. Mientras el PIB se multiplicó por 3, la deuda lo hizo por 16.7. Como aquel famoso anuncio de los años 70: el servicio de la deuda «crece, crece y crece en la olla», dejando chiquitico el presupuesto para salud, educación y ciencia. Sector / Gasto% del Presupuesto (Est.)Impacto «Milano»Servicio de la Deuda24-26%El espagueti que llena la olla. Educación (4%)21%Superado por los intereses.Salud Pública12%Menos de la mitad que la deuda. Ciencia y Tecnología< 0.5%Una partícula invisible.El endeudamiento del hogar: El respirador del consumo. El espejismo también llega a las casas. Ante la precarización salarial, la familia dominicana ha tenido que elegir entre dos caminos amargos: endeudarse para comer o emigrar para sobrevivir. Datos del Banco Central y de la Encuesta Nacional de Gastos e Ingresos de los Hogares (ENGIH) confirman que el crédito al consumo ha crecido sistemáticamente por encima del PIB. Entre 2013 y 2019, el endeudamiento familiar creció al 14.8%, más del doble que la economía real. Hoy, el dominicano no consume porque gane más, sino porque su tarjeta de crédito actúa como un respirador artificial.La trampa de la competitividad y la crisis global. En Manzanillo solemos decir que «ahora es que la puerca retuerce el rabo». Nuestra supuesta competitividad no viene de la tecnología, sino de un uso intensivo de mano de obra —muchas veces ilegal e informal— que presiona los salarios a la baja. A esto se suma un entorno global hostil: la inestabilidad en el Medio Oriente, el bloqueo del estrecho de Ormuz y el disparo de los costos energéticos golpean directamente a una nación como la nuestra, dependiente de energía importada y con un sector eléctrico lastrado por pérdidas técnicas y subsidios ineficientes. Conclusión Con industrias asfixiadas por costos eléctricos elevados, un turismo y remesas amenazados por la estanflación global, y un margen de endeudamiento que ya no da más de sí, la meta del 2036 se presenta como un sueño lejano. Sin una reforma estructural que priorice la ciencia, la eficiencia energética y salarios dignos que fortalezcan la demanda interna, seguiremos celebrando un crecimiento de papel mientras la realidad social se nos escapa entre las manos.

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