Panegírico a Petronila Catalino de Jesús (La Reverenda de Villa Mella)
Fausto Herrera Catalino, sobrino, en el Cementerio Cristo Redentor, su última morada, pronunció las palabras siguientes:
Buenas tardes. Por la gracia de Dios, a las 3 y 50 minutos de hoy, miércoles 3 de junio, hemos traído a nuestra querida Petronila Catalino de Jesús de la Cruz, la Reverenda de Villa Mella, nuestra "Chichita" también.
Ella nació un 18 de mayo de 1930 y falleció un 31 de mayo, pero con una condición especial: era el Día de las Madres. Dios quiso que ella recibiera el homenaje de ser una hija abnegada, una mujer sacrificada, y una virtuosa del arte y la cultura.
Fue una vanguardia de la lucha social de nuestro país, dejándonos una estela de inspiraciones convertida en canciones como sus versos:
- Palomita
- Ay Duarte
- Las hermanas Mirabal
- La juventud
- Mamá Tingó
Estas, entre tantas otras canciones que deja como huella imperecedera, aseguran su inmortalidad. Ella no muere por lo que deja, por su legado; de hecho, a nivel universal, la UNESCO ya declaró el 18 de mayo de 2001, que su voz y los “Congos de Villa Mella” era patrimonio oral e intangible de la humanidad.
Nosotros, como la familia Catalino de Jesús, hoy, con el dolor henchido por la despedida, tomamos nota de lo que dijo el sacerdote esta mañana:
«Dejémosla ir, porque Dios le tiene un regalo especial por ser una buena mujer».
Y ella, que es una hija de Dios, adoptó como doctrina el evangelio de «amaos los unos a los otros». Se entregó a todo el mundo: a su familia, a sus hijos (Mery, William), a todos nosotros, sus sobrinos. A todos nos tenía una distinción especial, sin discriminación alguna. Era todo amor; nos buscaba todos los antojos que uno tuviera, y esa era nuestra tía, en nuestro caso.
Sus hermanos (18 hermanos) la recuerdan como una especie de segunda madre, porque se encargó de cuidar a Toño, de cuidar a los otros, y estaba siempre donde quiera que alguno de ellos la necesitara
Una humildad inmensa y honestidad de acero
Esa virtud que poseía venía acompañada de una condición muy especial, reservada solo para las grandes figuras de la humanidad:
- Humildad inmensa: Era sumamente humilde.
- Honestidad de acero: Nunca se doblegó ante el oro corruptor ni ante lo material. Por el contrario, su valor es espiritual, cultural y reivindicativo para la clase humilde a la que perteneció y de la cual surgió. Su labor fue para beneficio de la gente.
Por ello, no nos sorprende que tantas personas tengan a la Reverenda como un referente de superación, de ser autodidacta y de autolabrarse el conocimiento. Logró una inmensa autoridad en un país donde, para quien nace pobre y de raza negra, la desventaja es completa. Ella superó todo eso y conquistó los grandes escenarios:
- Se presentó en los premios Casandra, ofreciendo la mejor presentación de aquella ocasión.
- Exitosas presentaciones en México y La Habana, Cuba.
- Llevó su arte a la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).
- Participó en la Feria del Libro y cantó en los barrios populares.
Su magnanimidad y entrega
Su labor iba mucho más allá de cantar en los barrios; su magnanimidad era inmensa:
- Visitaba los barrios para estar con la gente.
- Iba a las cárceles a visitar a los presos para llevarles aliento.
- Iba a ver a los enfermos para transmitirles energía y esperanza de curación.
Todo eso lo hacía nuestra matriarca, Petronila Catalino.
Su descanso eterno
Hay muchas cosas más que la historia se encargará de revelar. En este momento, hemos venido a traerla a su última morada para que pueda descansar después de 96 años intensivos de lucha, de dedicación al prójimo y de servicio a la comunidad. Ella tiene reservado un espacio especial.
Y nosotros decimos:
¡Salve, salve, Petronila Catalino, la Reverenda de Villa Mella, Chichita!
Que Dios la acoja en su gloria. Gracias.
¡Salve, Petronila Catalino!

